12.4.07

El Rito Romano

HIC EST ENIM CÁLIX SÁNGUINIS MEI,
NOVI ET AETÉRNI TESTAMÉNTI :
MISTERIUM FIDEI :
QUI PRO VOBIS ET PRO MULTISEFUNDETUR
IN REMISIONEM PECCATORUM
(Palabras de la consagración del vino)



El Santo sacrificio de la Misa es el dogma por excelencia de la Fe Católica.
El Santo Cura de Ars dice que es incomprensible para las fuerzas humanas: “Ni el Sacerdote que celebra la Misa puede comprender el valor de una Misa; si comprendiera moriría, ya sea de temor o temblor ante poder tan grande otorgado a una criatura tan frágil y tan débil... o moriría de amor agradeciéndole a Dios por haberlo escogido para un ministerio tan sublime”.... “tal vez en la otra vida comprendamos algo del valor que tiene una Misa”.
San Juan Eudes dice: “se necesitaría una eternidad para preparar una Misa, otra eternidad para celebrarla y una eternidad para dar gracias por haberla celebrado”.
El Padre San Pío de Pietrelcina afirma que “el mundo podrá existir sin sol, pero no sin la Santa Misa”.
La Misa es el centro y el corazón de la Iglesia, el alfa y el omega.
Todo parte del amor misericordioso de Dios por la criatura que la crea y la redime, el acto creador de Dios corresponde a su deseo de difundir, fuera de sí, el ser, el bien, la belleza, es decir sus aspectos todos que en El existen de modo esencial. “Bonum difusivum sui”. Dios refleja sus perfecciones en la obra creada... pero El quiere comunicar aún más, quiere comunicar su vida intima: La felicidad suprema de las relaciones trinitarias... ¿Crear otro Dios? es imposible, no puede haber dos infinitos por decirlo así (al modo humano), Dios decide crear un ser que fuera como una síntesis de la creación (un cuadro sinóptico) que contuviera en sí todos los elementos del orden creado: mineral, vegetal, animal, esencia y espíritu, para uniéndose a él unirse a su creación completa y así, por la unión de las dos naturalezas divina y humana (en la Unica Persona divina del Verbo Encarnado) toda la creación participaría de la felicidad intima, del gozo sempiterno de las relaciones trinitarias.
“Entonces Dios dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”, Dios crea a su imagen la naturaleza racional del hombre con la semejanza del estado de gracia, con todos los dones que ello implica: participación de la naturaleza divina, (ejus divinitátis esse consórtes,…) “consorte de la divina naturaleza”.
He ahí el plan maravilloso del Amor (del don) de Dios: comunicar su vida íntima, la plenitud de su felicidad trinitaria (“ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni la mente del hombre puede imaginar lo que Dios prepara para los que lo aman”); pero como se trata de Amor requiere la libre correspondencia de la criatura amada de tal manera que libre y voluntariamente debería corresponder (el amor no voluntario no es amor).
Pero el hombre desobedeció, no correspondió a Dios y se separo de El, quiso no amar a Dios, quiso ser como Dios y se desligó, rompió con Dios, pecó destruyendo esa semejanza gratuita y amorosa que había recibido de Dios, perdió la gracia, y así toda la naturaleza contenida en él quedo afectada y ahora también ella “gime como con dolores de parto, esperando la manifestación de los hijos de Dios”.
Aún así el amor de Dios agraviado no renuncia a su plan de comunicar su vida, su felicidad íntima, a su creación en el hombre: “te amé con Amor eterno y por eso, Misericordioso, te atraje hacia mí”.
Ahora esa unión de Dios con su criatura se hará por medio de la Encarnación redentora para reparar el pecado y volver a ligar (de ahí la palabra re-ligión) a la criatura con su Creador, lo que se efectúa realmente en ese supremo acto de religión: el Sacrificio del Calvario (“cuando sea levantado en lo alto atraeré a todos hacia mí”).
El Verbo de Dios, en la plenitud de los tiempos, se encarnó en el seno de una Virgen realizando todo lo anunciado desde tantos siglos.
Llegada su Hora, para la cual había venido, antes de su Pasión sangrienta va a celebrar por anticipado, y a dejarnos, Su Sacrificio de manera incruenta. Él, el mismo Verbo Eterno por el cual el mundo fue hecho con su sola palabra por la que se produjo de la nada toda la creación, va a tomar las especies del Pan y el Vino para pronunciar las palabras de la consagración y producir el Milagro de la Transubstanciación (su Palabra es eficaz y produce lo que dice: Esto es mi Cuerpo... Este es el Cáliz de mi Sangre... y luego pensando en todos los hombres comunica su sacerdocio para perpetuar este sacrificio; les da el poder y la orden: “HACED esto en memoria mía...” ¡HACED! luego consume y da a sus discípulos su Cuerpo y su Sangre como reiteradamente lo había anunciado.
Es verdad que la palabra transustanciación no está contenida en la Escritura pero el hecho está claro, de la cual ha dejado pistas claras: Dice el Evangelista San Lucas XXII,18: “Os aseguro que ya no beberé del sumo de la vid hasta que llegue el Reino de Dios” y dos versículos mas adelante San Lucas XXII,20: Consagra y toma del Cáliz consagrado.
Si Cristo no puede mentir, como es lógico, lo que ha consumido, después de la Consagración no es más la sustancia del sumo de la vid, sino verdaderamente su Sangre bajo la especie del vino.

Queda clara la antropofagia y vampirismo como medio de la consubstanciación para formar parte, como simple elemento de una síntesis, de la felicidad íntima, suprema y sempiterna de las relaciones trinas. El hombre sólo es un espejo donde admirar su propia creación , un espejo que sólo sabe alabarlo y adorarlo ......
Al verdadero hombre sólo le queda la rebeldía hereje de querer su libertad , y para ello deberá luchar .........