20.2.07

La Iniciación

La Edad de oro presupone un equilibrio espontáneo e inmediato entre la “virilidad” espiritual y la “espiritualidad” femenina.
La Edad de plata indica una caída de plano a causa de la falta de virilidad espiritual y la consecuente degradación de la espiritualidad femenina . La Edad de bronce indica un nuevo punto de caída a causa de una posterior carencia de virilidad espiritual y de la correspondiente cadencia de espiritualidad femenina. En esta edad proliferan los gérmenes de una máxima confusión, además de la prevaricación titánica y la prevaricación amazónica.
La Edad de hierro nos muestra la progresiva caída en el caos, en correspondencia con el debilitamiento del contacto con el orden divino en la conciencia del hombre. Dicha edad revela , además, que junto con la realidad, que por sí misma induciría a la desesperación, ya se notan los signos de un renacimiento y de una vuelta a tomar contacto con los Dioses . La restauración de la edad de oro, iniciada por el Cristo-Lucifer , aún no está cumplida, pero tampoco vencida. Aunque sí obstaculizada por la prevaricación del hombre y de la mujer que compiten por la desacralización de los valores tradicionales , y por caer aún más profundo en el olvido de su origen divino .
Esta breve incursión nos permitirá explicar la necesidad de que el hombre y la mujer vuelvan a su función originaria, despertando, siguiendo cada uno una propio proceso , las individuales cualificaciones originarias.

La gran confusión que reina por todas partes se ha producido porque el hombre ha corrido el punto de referencia del centro , de su Yo , a la materialidad y, de modo particular, al dinero y a la vanagloria, única fuente de poder ilusorio que produce insaciabilidad e insatisfacción y exaspera la crisis de identidad, provocando usurpaciones y prevaricaciones en todos los ámbitos, sin excluir el iniciático; la voluntad de poder, degenerada en voluntad de querer engañar en el intento de parecer lo que no se es por falta de cualificaciones; la falta de lealtad, de honor, de valor para enfrentarse a sí mismo , la facilidad para cometer acciones viles que terminan por degradar la última voluntad de aquellos que llegaron a vislumbrar símbolos , a esclarecer cielos simbólicos orientativos , incluso, prevaricando contra toda legitimidad espiritual y autenticidad metafísica , creyendo, de este modo, haber resuelto su propia crisis de identidad, su propio extravío , son las características de este tiempo calamitoso que ha arrastrado aun a aquellos que pretenden llamarse "Iniciados". El hombre se ha quedado incluso fuera del Laberinto . Debe volver al centro y, desde allí, a la cima , hacia su Selbst .
En todo el itinerario de su extravío se enriqueció de conocimiento materiales relacionados con el mundo externo. Hoy va a la conquista de mundos nuevos, comenzando por la Luna y, ciertamente, llegará a conquistar los planetas de nuestro sistema, y así progresivamente, cada vez más, se aleja de sí mismo, sumergiéndose, siempre más, en la extraña ilusión alienante del "otro sí mismo". Busca la verdad fuera de sí mismo y no se da cuenta de que la verdad se anida en los rincones más profundos de su espíritu. Silencia las dudas sobre su propio ser, agigantando la personalidad con ilusorias conquistas exteriores. Formula teorías sobre teorías que, en cada nueva conquista, debe negar, pero las dudas permanecen y, aunque se ocultan temporalmente, regresan para incomodarlo: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adónde voy?, ¿por qué la vida?, ¿por qué la muerte?, etcétera.Dudas que lo atormentan, pero que elude profundizar. No teme al infinito externo, tiene miedo del infinito interno. En ésta, la más oscura fase de la edad de hierro, es indispensable un regreso a la Tradición Hiperbórea y a todos los valores que la caracterizan. Por suerte esta Tradición no se perdió, siempre estuvo conservada por una elite que, si se debilitó en el número, se reforzó mucho más en su relación con el orden divino, y a sostener la vinculación carismática . Los medios que nos permitirán poner fin al extravío , y retornar al estado originario, como única posibilidad de liberación de los condicionamientos humanos , están constituidos por la Iniciación y la legitimación de los procesos por ese orden “Divino” . El fin esencial de la Iniciación es el de poner en movimiento todos los mecanismos personales e individuales que deberán producir la superación de los condicionamientos humanos, despertando las posibilidades latentes de liberación que el ser lleva en sí mismo.




La Iniciación compromete, esencialmente, a la interioridad del individuo y no tiene nada que ver con las masas, ya que la Iniciación de un pueblo sólo es posible en una estrategia Psicosocial llevada a cabo por un Guía Racial . En el mundo tradicional, la Iniciación fue concebida como un impulso real y capaz de modificar la naturaleza humana, proyectando al individuo que está cualificado a estados superiores de su Ser . Generalmente la Iniciación es receptada de forma atenuada porque el individuo de la época moderna está totalmente envuelto de la materialidad, por lo cual, para percibirla de manera viva y total necesita purificarse, despojarse de las estratificaciones materiales en las cuales se ve comprometido. Hemos dicho que la Iniciación se dirige esencialmente al individuo, porque es el individuo quien debe rescatarse con su propia inteligencia y su voluntad primero y, con el espíritu, después . La muerte y el renacimiento son misterios del individuo. En este punto es necesario precisar los significados de personalidad e individualidad. Mientras el individuo es el sí mismo interior , el Yo, la persona es la forma en la cual ese Yo queda revestido . El sí mismo está relacionado al mundo del ser, es el Yo , la persona está relacionada al mundo del devenir , es el sujeto a las vicisitudes de la vida . El drama iniciático es, por lo tanto, estrictamente individual. La personalidad, producto de la separación, de la especialización y del devenir, es la consecuencia del alejamiento del estado de conciencia del hombre . Es la característica más importante de este mundo múltiple en el cual predominan los ilusorios valores del espacio y del tiempo que siempre nos alejan, un poco más, de nuestro SER , sumergiéndonos en el cosmos de el UNO COSMOCRATOR . Perdido el centro , el hombre se ha identificado con su personalidad, haciendo de ésta el propio centro.
La personalidad es una estructura en formación, en donde concurren fuerzas endógenas y fuerzas exógenas. Las fuerzas endógenas están constituidas por el patrimonio genético, el cual lleva consigo el temperamento, el carácter, las inclinaciones y todo lo que es espontáneo, natural e instintivo. Las fuerzas exógenas son fuerzas externas que, "educando" a través de la familia, la escuela, la confesión religiosa, las normas sociojurídicas, la sociedad en general, los tabúes morales, las prohibiciones, las imposiciones y los prejuicios tienden a alejar al hombre, cada vez más, de la naturaleza divina, e intentan modelar una persona a imagen y semejanza de la denominada civilización en la que vive. Estas fuerzas exógenas tienden a reprimir y a dirigir a las fuerzas endógenas, predominantemente, hacia las metas sociales y colectivas, convirtiendo a la persona cada vez más prisionera de las necesidades materiales y del miedo hacia las fuerzas de la naturaleza, penetrando en todo con falsos valores sobre la libertad . Dichas fuerzas operan en nombre de fines camuflados de valores que lo son, pero sólo de nombre.
Es necesario volver a la desnudez primitiva, a la pureza primordial, a la espontaneidad, es necesario desvestirse, de los hábitos que no son nuestros y que en curso del tiempo fuimos obligados a vestir; es necesario volver a ser auténticamente nosotros mismos . A medida que se procede en la mutación de la personalidad, el punto de referencia se desplaza hacia el Yo . Se comienza a despertar la conciencia interior, empieza a ser sentida como una realidad, dando comienzo a la reintegración individual, y la conciencia de la Unidad en la diversidad no será más un concepto, una adquisición intelectual, sino una realidad absoluta.
La degeneración de las asociaciones llamadas iniciáticas , les hace afirmar que la Iniciación, transmitida por ellas, es simbólico-virtual y que, hoy en día, no es posible transmitir la Iniciación real. Con tales adjetivos se justifica la degeneración de las asociaciones mismas que, reconociendo haber perdido toda relación con los símbolos mutadores , como las Runas , han rellenado los rituales con ceremonias , lo que en muchos casos, han sido totalmente anulados.
La Iniciación no puede tener adjetivaciones, es o no es. La "iniciación simbólico-virtual" no tiene sentido ni significado, es sólo una mistificación que sirve para fomentar la vanidad de los oropeles y los títulos altisonantes; la expresión "iniciación simbólico-virtual" podrá dar, en cuanto mucho, la ilusión de ser alguien a quien no es nada.
La Iniciación debe provocar en el individuo una trasmutación que le haga tomar conciencia de la divinidad que hay en él; dicha Iniciación debe hacer del individuo un hombre nuevo y ser el punto de partida de su verdadera liberación de los condicionamientos humanos, así como también, del despertar de la conciencia de su origen .